Diego Ricol: Los salados: motivación y persistencia infinitas

Diego Ricol: Los salados: motivación y persistencia infinitas

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Diego Ricol: Los salados: motivación y persistencia infinitas

Los Tiburones de La Guaira, los salados, los escualos, el equipo de béisbol venezolano perteneciente a la Liga Venezolana de Béisbol Profesional ha revelado siempre una motivación y persistencia infinitas a ejemplo del increíble discurso de motivación de un niño que reta para que seamos tiburón y no conformarse con ser un pez en los medios de comunicación.

 

Todos: dueños, equipo directivo, técnicos, atletas, adeptos y los que se mantienen en los bastidores para que todo funcione han conservado su compromiso de alcanzar la victoria sin derribarse ni condicionarse por los fracasos, al contrario han mantenido su ánimo salado, escualo y guaireño.

Desde la antigüedad, se afirma que es en los momentos de problemas que se descubre realmente cómo es una persona, los Tiburones de La Guaira demuestran con tenacidad, persistencia, disciplina y, especialmente, mucha alegría, su eterno secreto de equipo, sus capacidades para superar obstáculos ante la difícil tarea de remontar para obtener una victoria.

Han sido oscuros los recientes juegos del equipo, pero, como siempre, el equipo lo dejará en el pasado, pues se presentan siempre como los imparables salados, ofreciendo alegrías a sus adeptos y admiradores.

Diego Ricol: Los salados: motivación y persistencia infinitas

Los Tiburones disfrutan con alegría los resultados de sus batallas y no se desaniman por perder la guerra de la temporada. Batallas libradas, por ejemplo, por los batazos de tres bases como lo hizo Alonzo Harris que trasladó la bola hacia el left field con su incomparable velocidad, llegando a la antesala para anotar con un sencillo.

Otro ejemplo es cuando el rival intentó descontar, pero la habilidad en los envíos de Rafael Cova, obligó a Wilfredo Tovar a conectar un rodado para dobleplay y disminuir a una sola carrera el ataque del oponente.

En fin, juegos batallados que revelan el temple y fibra de los imparables como Dustin Antolin que encendió las tribunas y activó el nerviosismo, un tiburón, parte fundamental del relevo intermedio junto a los criollos. O aún, la agilidad de Meneses que inició una triple matanza y dejó en shock a todo el parque universitario, a excepción de los toleteros escualos, quienes saltaron a celebrar.

Los salados poseen el secreto de perder con alegría porque están unidos en los triunfos pero también en las derrotas, disfrutan y aprenden del proceso batallando por la victoria, filosofía de vida de los escualos.

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