Diego Ricol: El fanático de los salados: apasionado y desmedido

Diego Ricol: El fanático de los salados: apasionado y desmedido

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Diego Ricol: El fanático de los salados: apasionado y desmedido

El fanático de los Tiburones de La Guaira revela una pasión desmedida e irracional por los salados, es una persona entusiastica que se preocupa ciegamente por cada temporada de béisbol.

 

El fanático de béisbol defiende de una manera extrema y apasionada que va más allá de la sensatez, caracterizándose por su proselitismo hacia el deporte nacional.

Se explica que psicológicamente, el fanático manifiesta una enardecida e incondicional lealtad a su equipo, siendo muy entusiástico y obsesionado con todo lo relacionado con los Tiburones de La Guaira, en algunas oportunidades, siendo, por veces, indiscriminado y hasta violento.

Lo primero que hace un fanático de los Tiburones de La Guaira es inscribirse en su equipo, después, a lo largo de toda su vida, los apoya total e incondicionalmente, disfrutando de cada partido del que conoce todos sus detalles.

Diego Ricol: El fanático de los salados: apasionado y desmedido

El fanático de los guaireños recuerda apenas los momentos gloriosos y aciertos de sus jugadores, así como del equipo técnico y manager, por lo demás sufre de amnesia.

Este fanático también es especialista en exaltar cualquier acción realizada por su equipo, restándole importancia a las realizadas por el equipo rival, o sea solo tiene ojos para los salados.

El fanático es por naturaleza un sufridor, que vive en un frenesí perenne por su equipo, independientemente que este deporte esté considerado como uno de los más peligrosos para sus espectadores, esto porque una pelota de beisbol puede alcanzar velocidades de muchos kilómetros por hora, causando golpes que pueden ser, inclusive, mortales.

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Sin embargo es curioso que algunos adeptos lleven sus propios guantes para hacer de cácher o catcher y atrapar una de esas pelotas, siendo para ellos una proeza y un verdadero trofeo. Pelotas que pueden ser de “fly balls” porque describen una parábola dando chance al espectador de observar su recorrido y evitar el golpe o la “line drive” porque su trayectoria es recta y no pierden velocidad.

 El fanático de los Tiburones de La Guaira independientemente de las tristezas y desilusiones y hasta de los peligros de este deporte revela una pasión desmedida e irracional por su equipo de forma proselitista.

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